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El Dios de la vida no apoya guerras santas

Alberto Araica
aaraica@casagiordanobruno.com
Julio 22, 2006

Doce días atrás empezó al conflicto entre israelíes y libaneses a raíz de unas incursiones bilaterales en la frontera que incluyó la captura de algunos soldados. No pensé que este acontecimiento iba a prolongarse tanto ni a alcanzar magnitudes de genocidio contra el pueblo libanés. Hasta ahora se habla de más de 350 personas muertas, daños cuantiosos, y centenares de heridos, las grandes mayorías civiles libanesas, especialmente ancianas, mujeres y niños. Israel está utilizando toda su fuerza militar de la forma más descarnada contra la población civil del Líbano bajo el argumento de acabar con un grupo militar “terrorista” que (cierto o falso) fue elegido democráticamente por su pueblo. Al margen de las causas coyunturales, liderazgos locales, intereses nucleares regionales con Irán, control del agua, y otros, que no justifican para nada esta carnicería desatada por el estado de Israel, quiero destacar en los siguientes párrafos desde el punto de vista teológico dónde nace este espíritu sionista, expan-sionista, y militar del Estado de Israel.

En platicas informales algunos cristianos y amigos de este lado del mundo nos preguntamos, ¿de que lado está Dios en medio este conflicto?, ¿Es capaz el Dios que conocemos de apoyar a su pueblo escogido en esta barbarie? Para contestarnos esas preguntas en su justa dimensión hay que ir más atrás y desempolvar la historia del “pueblo escogido”, pero sobre todo quitarse el lente fundamentalista con que hemos leído la historia bíblica del Antiguo Testamento para poder diferenciar lo que es historia factual, historia metaforizada, e ideología agregada que sustenta la naturaleza sionista del Estado de Israel.

Este artículo levanta la tesis de que la ideología sionista y militar del Estado Israelita no tiene ninguna base bíblica absoluta que la justifique (el hecho de que existen relatos de violencia en la Biblia no quiere decir que son bíblicos o de inspiración divina), sino que nace probablemente de la herencia militar de los rebeldes hapirus del siglo XV-XIII a.C., la vocación expansionista del rey David, y la reforma del rey Josías, que sienta las bases de lo que será la ideología pre-sionista post-exílica.

El objetivo es pues ofrecer a los líderes religiosos y pueblo cristiano algunas pautas histórico-teológicas para entender a la luz del pensamiento religioso las bases del pensamiento sionista y militar del Estado de Israel, y segundo; destacar que el Dios de la vida no apoya “guerras santas” en su nombre sino la solidaridad y el respeto entre los pueblos como base para el desarrollo y la dignidad humana.

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